¿Aceite u óleo? El curioso viaje de las palabras para entender el oro líquido
¿Alguna vez te has parado a pensar por qué utilizamos denominaciones tan distintas para referirnos exactamente al mismo producto? Si nos adentramos en la cocina y nos disponemos a preparar uno de los grandes tesoros de nuestra gastronomía tradicional, nos topamos enseguida con un dilema tan cotidiano como curioso: mientras que en Aragón y en Cataluña solemos hablar con naturalidad de ajolio o alioli, en otros rincones de la geografía peninsular prefieren llamarlo ajiaceite.
Detrás de esta pequeña y entrañable disputa lingüística se esconde un apasionante misterio sobre la relación entre el lenguaje y la cultura material. Tal y como aborda el profesor y catedrático emérito Joaquín Sanmartín Ascaso en su estudio "El aceite en las culturas antiguas del arco mediterráneo" —publicado en el número 29 de la prestigiosa revista Temas de Antropología Aragonesa del Instituto Aragonés de Antropología—, la historia del aceite es, en esencia, la historia de sus palabras. Partiendo de la célebre premisa filosófica de que «donde no hay palabra no hay cosa, y no hay cosas si no son palabras», este análisis nos demuestra que estudiar el origen de los términos es la mejor manera de desenterrar la intrahistoria de aquello que llevamos milenios consumiendo.

Dos caminos lingüísticos para una misma esencia
Si analizamos los ingredientes del alioli o ajiaceite, descubrimos que su alma líquida se debate fonéticamente entre dos grandes familias de términos: por un lado, aceite; por el otro, óleo (presente en variantes como el oli catalán o el olio italiano). Aunque en la práctica culinaria e histórica nos referimos exactamente al mismo producto (o casi), su procedencia divide nuestros mapas lingüísticos.
¿Cómo es posible que un producto tan nuestro tenga dos raíces tan diferenciadas?
La vía oriental y andalusí (El "aceite")
La palabra aceite hunde sus raíces directas en nuestro rico pasado medieval y en la impronta de al-Ándalus. Proviene del término hispanoárabe azzayt, que a su vez adaptó expresiones de lenguas semíticas ancestrales del Próximo Oriente, como el arameo zaytā. Es el eco sonoro de las civilizaciones que perfeccionaron de forma magistral la agricultura del olivo y dejaron su huella indeleble en la península ibérica.
La vía grecolatina y clásica (El "óleo")
Por el contrario, la palabra óleo nos transporta directamente al latín clásico oleum, un término que los romanos heredaron a su vez del griego antiguo (élaion), íntimamente emparentado con el nombre del propio fruto y del árbol, la elaía. Este término no solo nutrió las cocinas de la antigüedad clásica, sino que ha conservado a lo largo de los siglos un halo de solemnidad y sacralidad que hoy asociamos a la medicina tradicional, al mundo de la pintura artística o a las grandes ceremonias litúrgicas (como los óleos sagrados).
Las palabras como fósiles de nuestra historia
Lo verdaderamente curioso de este viaje que nos propone Joaquín Sanmartín es percatarnos de que, cada vez que abrimos una botella en nuestra cocina, empleamos sin saberlo un auténtico fósil lingüístico. Sin movernos de la mesa, un simple plato aliñado o una salsa de mortero nos conecta de inmediato con rutas comerciales milenarias, con los intensos intercambios culturales entre el Mediterráneo oriental y occidente, y con la forma en que los antiguos pobladores bautizaron el codiciado oro líquido de la tierra.
Así pues, la próxima vez que te pongas los delantales y prepares un buen alioli o ajiaceite —independientemente de que te decantes por la sonoridad más tradicional o por la herencia directa de los clásicos—, recuerda que estás manejando mucho más que un simple condimento culinario: estás saboreando miles de años de historia viva contada a través de las palabras.
Referencia del estudio original: Sanmartín Ascaso, Joaquín. (2023). "El aceite en las culturas antiguas del arco mediterráneo. Un resumen". Temas de Antropología Aragonesa, n.º 29, pp. 11-38. Instituto Aragonés de Antropología.




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